El último de Cospedal

Enrique Sánchez Lubián/ Marché de vacaciones pensando -¡ingenuo de mí!- que no dedicaría ni una columna más al sin par Nacho Villa. Hoy reconozco mi candidez. Corría 1945 cuando se estrenó la película “Los últimos de Filipinas”, glosando la resistencia de un grupo de soldados españoles encerrados en una iglesia para defender un territorio ya prácticamente perdido. La obra tuvo gran popularidad en aquellos tiempos de posguerra. Setenta años después, en este asfixiante verano toledano, Villa, emulando a aquellos combatientes de Ultramar, lleva semanas atrincherado en su refrigerado despacho de RTVCM, junto a sus fieles Vigón y Guirado, negándose a aceptar el resultado electoral del 24-M.

Si contase con dignidad profesional y política, habría dimitido hace semanas. No ha sido así. Jaleado por lo más recalcitrante del PP regional ha esgrimido bandera legalista negándose a ser sustituido en tanto no se cumpliesen determinados trámites respecto a la conformación del nuevo Consejo de Administración del Ente y los mecanismos de nombramiento para su director general. Sorprende que quien no ha tenido hartazgo en pasarse por el arco de triunfo las más elementales normas de la deontología profesional, de la legislación sindical e incluso de las ordenanzas municipales en materia de licencias de obra, haya pretendido ser férreo adalid del estricto cumplimiento normativo.

Ésta es su última contribución a la causa política que apoya con vehemencia y extravagancia. En su empecinamiento ha provocado que el ejecutivo de García-Page, incapaz de hacerle ceder, haya forzado una modificación legislativa para conseguir su revocación. Desconozco si esta pirueta parlamentaria entraba en la hoja de ruta del actual gobierno regional, pero con su injustificable enroque Villa les ha llevado al límite. Si quería caldo legal, se ha ganado dos tazas bien cumplidas. En su currículo podrá añadir ahora un nuevo baldón: ser el último de Cospedal. Tan cansino se ha puesto, que determinados medios informativos regionales, hasta ayer cospedalistas contumaces, no dudan ahora en insistirle que se marche ya.

Pasado el tiempo, de aquella película franquista perdura una bella habanera, “Yo te diré”. Del paso de Villa por nuestra región sólo nos quedará una desagradable sensación de bochorno, delirio y desvergüenza partidista. Superar semejante colapso no debería ser empeño difícil para su sustituta, siempre que, alejada de sectarismos, demuestre capacidad y transite caminos de respeto a la verdad, a la independencia y a la profesionalidad de los, hasta ahora, maltratados compañeros de RTVCM. Que así sea.

Enrique Sánchez Lubián

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